El Santo Sudario



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Hace algunos siglos, el nombre de "Santo Sudario» fue dado a la
mortaja en la que Jo­sé de Arimatea envolvió el cuerpo de Cristo después de la
crucifixión. Entre ese instante y la
reaparición del sudario en Lirey, cerca de
catorce siglos después, se pierde total­mente el rastro. Sin embargo, los
partida­rios de la autenticidad del sudario han encontrado una pista interesante,
aunque ésta surge, al principio, de la leyenda.

Abgar, un rey de Edesa (la ciudad de Urfa, en Turquía),
convertido al cristianismo a principios del siglo I, habría conservado el
sudario después de haber sido curado de la lepra al tocarlo. Su sucesor volvió
al paga­nismo y los cristianos de la ciudad habrían escondido la reliquia en un
nicho durante cinco siglos. En 944, los bizantinos, que lo llaman mandylion (palabra
griega que designa un vestido eclesiástico), lo habrían recuperado de los
musulmanes, en ese entonces señores de Edesa. El sudario ha­bría permanecido en
Constantinopla hasta 1204, año del primer saqueo de la ciudad. ¿Cómo aparece
después en Francia? Quizás, gracias a los templarios, que
habrían salvado la
reliquia: un gran maestro del Temple de Normandía, que murió en la hoguera
junto a Santiago de Molay en 1314, se llamaba Geoffroy de Charney, una variante
de Chamy. Podría estar el origen de la reaparición del sudario en Champaña
antes de 1356.

¿Una falsificación genial?


Muerto en 1356 en la batalla de Poitiers, Godofredo I de Charny
se lleva consigo el secreto de la adquisición del sudario. Los canónigos de
Lirey presentan la reliquia como una -figura o representación del sudario de
Nuestro Señor Jesucristo-, fór­mula que no acaba con el problema de su
autenticidad. Intrigado, el obispo de Troyes manda a realizar una investigación
de la que no sabemos nada excepto la conclu­sión: la confesión de un pintor que
dice haber realizado la imagen. Desde entonces, la ostensión del sudario queda
prohibida. Sin embargo, en 1389, Geoffroy
II de Charny obtiene del legado pontificio del Papa de Aviñón,
Clemente VII, la autoriza­ción para exponer nuevamente el sudario.
Inmediatamente, los peregrinos afluyen para venerar lo que consideran la impre­sión
incontestable del cuerpo de Cristo, y esta credulidad popular preocupa tanto al
obispo de Troyes que, al cabo de unos meses, renueva la prohibición de exhibir
la polémica imagen, esta vez, bajo pena de excomunión. Su decisión es rota a
princi­pios de 1390 por el Papa Clemente
VII, que, no obstante, solicita a los canónigos de Lirey advertir
explícitamente a los que se trata de una “pintura hecha para representar el
Sudario”. Durante la permanencia de la reliquia en Lieja, el obispo de la
ciudad vuelve a condenar a los que quieren exhibirla como auténtica. Sin
embargo desde el siglo XVI, es objeto de una sa veneración y nadie piensa más
en poner en duda su autenticidad. No obstante, la Iglesia aún se abstiene de
confirmarla.

Repercusiones científicas


En el siglo XX, paradójicamente en los tiempos de los modernos peritajes científicos, el
problema del origen y de la fecha del sudario es planteado nuevamente en
términos absolutamente insólitos. En 1898. fotografía tomada de la imagen el
negativo, un lujo de detalles invisibles hasta entonces: efectivamente, en
la placa
de vidrio no aparece la silueta pálida y vaga que presenta
el sudario, sino la imágen nítida de un hombre de una impresinante belleza.
Desde entonces, los estudios se suceden, a partir de clichés más y
más
precisos, luego análisis en la reliquia misma. Desde 1902, un
biólogo un biólogo y anatomista franceses, los profesores Paul Vignon e
Yves Delages, destacan la extraordinaria precisión anatómica del dibujo sobre
el sudario -precisión inconcebible en las condidiciones de la
pintura del siglo XIV.

Mucho más tarde, en los años 70, el tejido y el polvo que lo
cubren son cuidadosamente estudiados. La tela está hecha de lino mezclado con
algodón, segúnb procedimiento de tejido típic del Medio Oriente, y el polen
contenido en el polvo prueba su permanencia en la región del Jordán y en
Turquía -lo que es indicio de su autenticidad. En 1978, un equipo
iter
nacional que incluye miembros de la NASA lleva a cabo exámenes más
profundos.
Estos muestran la presencia de sangre en la tela y ponen
en evidencia una muy extraña particularidad del dibujo de la mortaja: su
reproduicción fotográfica, pasada por un analizador de imágenes, produce un le
relieve que sólo aparatos extre­madamente sofisticados restituyen en
fotografías de imágenes “normales".

Finalmente, un análisis al carbono 14 realizado recientemente
-la autorización para llevarlo a cabo fue negada por largo tiempo a los
científicos por temor de que el pudiera dañar la reliquia- confirma la posible
autenticidad de la imagen, indicando que el lino que compone la tela de la
mortaja fue cosechado mucho antes de Media, más precisamente en los alrededores
del principio de la era cristiana, entre 100 antes de Cristo y 200 después de
Cristo…

Sin embargo, todas estas conclusiones cien­tíficas incontestables son
completamente negativas, aunque hacen poco defendible la versión más racional,
la de una obra pinta­da tardíamente por una mano humana, tam­poco dicen cómo la
huella de un cuerpo puede encontrarse impresa en la tela… De manera que la
reliquia puede, desde ahora y más que nunca, ser entregada a la fe y la
veneración de los fieles que vienen en cantidades a honrarla a Turín.

El sudario de Turín



El sudario es una tela de Uno hilado de color marfil tejido a
mano en sarga de espi­guillas, de canutillo tres-uno, de 4 m de largo por
l,10mde ancho. Fue remendada después del incendio de 1532 y tiene mar­cas de
humedad

Se distinguen dos pálidas imágenes amari­llentas (una de
frente y la otra de espalda) de un hombre extendido de 1,80 m que pesara
alrededor de 78 kilos, de 30 a 40 a-ños, con las manos cruzadas sobre el pubis.
Sometidas a una ampliación fotográfica, estas imágenes muestran numerosas
huellas de heridas alrededor de la cabeza (¿corona de espinas?), en la cara,
las muñecas, el pecho y la espalda (flagelación), los

hom­bros (tumefacciones debidas a la carga de objeto pesado y
rugoso), el flanco derecho (herida de lanza) y los pies (clavos).

Otras mortajas


C

omo se podía esperar con una reliquia tan preciosa, la Edad
Media no se mostró avara en materia de santos sudarios…

 

Un cuerpo, varias mortajas…


Se encuentran varias «verdaderas mortajas» en
Aquisgrán, en Jaén, Andalucía, en Enxobregas, cerca de Lisboa, en Tolosa y
Maguncia. Roma se lleva la parte del león, ya que no menos de cinco de sus igle­sias,
en un momento u otro, ase­guraron poseer una, entre ellas la que fue expuesta
en la basílica vaticana en 1350 para las cere­monias del jubileo y que algunos
sospechan sirvió de modelo al sudario de Turín.

Víctimas de la Revolución francesa.
Llevado, según se dice, desde
Aquisgrán por



Carlos el Calvo en 877, el sudario de Com-piégne se presenta
como un rollo de tela guardado en dos envolto­rios de seda que nadie se aventu­ra
a abrir durante las dos inspec­ciones del relicario, en 1516 y 1628. Durante la
Revolución, el sudario termina como trapo entre manos Ignorantes. Una suerte si­milar
corre, según parece, el su­dario de Besangon, que habría si­do traído en el
siglo XIII desde Constantinopla.

El sudario de Cadouin.



La tradición de esta localidad de Dordoña, en Francia, quiere
que los religiosos de la abadía de Cadouin, fundada en 1115, hayan recuperado
la reliquia que venía de Tierra Santa en 1117. Esta conoció un recorrido movido
entre varios establecimientos religiosos del sudoeste, luego un período de
calma entre el siglo XVIII y 1866, fecha en que una comisión de sacerdotes y
sabios emiten una opinión de autenticidad favorable, lo que estimula los
peregrinajes. Desgraciadamente (o felizmente) para él, el sudario de Cadouin no
se ha beneficiado aún del juicio del carbono 14.

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